Asombradita me quedo cuando me entero, vía Sveret, de la última perla de sabiduría que González-Sinde, ministra de Cultura, ha tenido a bien soltar por su boquita, equiparando el bloqueo de páginas que hace Sanidad con el que pretende hacer ahora Cultura.
Pues no, mire.
No es lo mismo un sitio web que vende medicamentos fraudulentos, con el consiguiente riesgo para la salud pública, que un sitio web que tiene un listado de e-links para descargarse películas a través de clientes P2P, con el consiguiente riesgo para el bolsillo de algunos (y no precisamente los que se hace entender por parte de algunos medios y organismos).
No es lo mismo un blog que enseña a adolescentes trucos para vomitar sin que sus padres se enteren, fomentando la bulimia y/o la anorexia, que un foro en el que varios usuarios cuelgan enlaces a series en versión original que ellos mismos se han tomado la molestia de traducir y subtitular.
No es lo mismo una página web de homeopatía, o de cualquiera de las nuevas tendencias pseudomédicas new age que tanto daño hacen aunque a simple vista no lo parezca, que una página web con enlaces a los últimos discos más vendidos en el panorama de, por ejemplo, la música folk a nivel internacional.
No nos intenten vender la moto con argumentos absurdos. Si realmente hay argumentos sólidos, de peso, más allá de los que conciernen exclusivamente al modelo de negocio, ¿por qué no esgrimirlos, en lugar de comparar churras con merinas? Porque el alcance no es el mismo. Se ponga usted como se ponga, señora González-Sinde.
Y al sr. Víctor Manuel, que se ha quedado tan ancho diciendo que si en tu boda pagas los langostinos también tienes que pagar la música... pues mire, es que resulta que la mayoría de los que se casan ya pagan al DJ. Que resulta que ya ha comprado la música. O, incluso, algunos llevan sus propios CDs a la boda. Habiéndolos pagado ya, claro. Que yo sepa, los langostinos se pagan una sola vez, los compre quien los compre y los consuma quien los consuma. ¿Por qué no pasa lo mismo con la música? Porque, ya puestos, cobremos los langostinos por sacarlos de la tienda, y también por cada persona distinta al comprador que los coma. Y tantas veces como se abra la caja de los langostinos, claro está.
En fin. Añadiría algo más, pero ya lo ha hecho JRMora mucho mejor y con bastante humor. Cortesía de mi Ki, que si no, no habría visto el enlace.
ACTUALIZACIÓN: Ya están disponibles el texto definitivo de la dichosa disposición del anteproyecto de Ley en Sorprendible así como los comentarios de La aldea irreductible al respecto.